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3Cat-2Cat: el nombre no hace la cosa

Hay razones para explicar que TVE bautice al nuevo canal en catalán como 2Cat, pero también hay razones para pensar en una astucia y una mercadotecnia para competir con TV3, renombrada hace dos años como 3Cat

2CAT
Tomàs Delclós

El anuncio de que TVE desplegará en Cataluña un canal de televisión íntegramente en catalán es una excelente noticia. Lo hace una entidad pública que en 1959 realizó la primera emisión en catalán desde Miramar (La ferida lluminosa). Y que en los años setenta programó un circuito catalán que albergó más de una osadía informativa. Ya en 1980, un grupo de trabajadores de TVE publicó un manifiesto que defendía la creación desde TVE de un canal en catalán. Pero los propósitos de Jordi Pujol y del PSOE eran otros. Uno quería un canal donde pudiera decidir lo que tocaba y no tocaba, y algunos sectores del partido en el Gobierno no querían que la televisión catalana fuera más allá de un muestrario antropológico. Ganó Pujol y salieron TV3 y el Canal 33 bajo tutela de la Generalitat. Por eso mismo es relevante que ahora Junts y ERC apoyen este proyecto desde los sillones que ocupan en el consejo de administración de RTVE. Vaciará La 2 de su parcial parrilla en catalán y la cobertura territorial será Cataluña.

Como era previsible, ya suenan voces agraviadas que no lo ven como un compromiso de RTVE con “la diversidad lingüística de España” sino como un regalo, otro más, al independentismo. Y también hay quien critica que por antena no cubra todos los territorios donde se habla catalán, ignorando que con internet todo se puede ver, hasta en Katmandú.

El nuevo canal estará, dicen, operativo el próximo mes de octubre y las emisiones de prueba empezarán por los alrededores del 11 de setiembre. Un primer parecido con TV3 que debutó en pruebas el 10 de setiembre de 1983, pero no inició las emisiones regulares hasta enero del siguiente año. Pero donde las analogías son estruendosas es en la semejanza del nombre del nuevo canal, 2Cat, con el que adoptó en 2023 la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, 3Cat. En la medida que 2Cat hereda y aumenta la tarea de La 2 hay razones para explicarse la marca, pero también hay razones para pensar en una astucia, una ocurrencia, de mercadotecnia para ponerse por delante, por lo menos, en lo nominal. Eso sí, 2Cat es un canal 24 horas y 3Cat identifica una corporación que incluye sus canales de televisión y de radio.

La previsible polémica sobre la denominación 2Cat nos la podríamos ahorrar si no viniésemos, en el caso televisivo, de una tradición onomástica donde se imponen los números naturales, aunque con cierto perfume de ordinalidad. Es una lástima que en tantos países persista una voluntad numerativa a la hora de bautizar las emisoras generalistas de televisión. Por ejemplo, Francia con la privada TF1 y las públicas France 2, France 3 o France 5. En Alemania están las públicas La Primera y La Segunda o las privadas Pro 7 y Sat1. Bertelsmann, sin tanto cuento, es el principal accionista de RTL. Resulta más cómodo el santoral televisivo estadounidense de las grandes cadenas (ABC, NBC o CBS). Curiosamente, tampoco numeran en Bélgica donde los canales de la televisión pública se identifican por el idioma empleado (VRT para la comunidad flamenca; RTBF, para la valona y BRF para la comunidad de habla alemana).

En España, el segundo canal, en la época de Manuel Fraga Iribarne, se conocía por la tecnología empleada, UHF. Sin embargo, pronto entró la numeración de las públicas y, luego, de las privadas. Y TV3 adoptó la numeración televisiva española, algo que le siguen recriminando todavía hoy quienes sostienen que la emisora catalana no es suficientemente catalana (¿?).

Pero se trata de un debate menor porque el nombre no hace la cosa. Lo importante es que podamos tener unas buenas televisiones públicas, que compitan limpia y amigablemente, y que supongan un refuerzo de la oferta mediática en catalán y de la industria audiovisual.

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Sobre la firma

Tomàs Delclós
Licenciado en Derecho y Periodismo, fue profesor de Historia del Cine en la UAB durante varios años. Trabajó en las redacciones de Fotogramas, Tele/Expres, El Periódico y, durante más de treinta años, en EL PAÍS donde, como subdirector, participó en la fundación de Babelia y Ciberpaís. Fue Defensor del Lector.
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